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Elvia Carrillo Puerto: “La Monja Roja” que Iluminó el Camino de la Igualdad



En la época de la Revolución Mexicana, con fuertes demandas de justicia social, apareció una mujer notable cuya visión y perseverancia transformaron los derechos de las mujeres en México: Elvia Carrillo Puerto, llamada “La Monja Roja” por su fuerte activismo socialista y su historia religiosa.


Nacida en Motul, Yucatán, en 1878, Elvia creció en un entorno donde la desigualdad de género y la opresión hacia los pueblos indígenas eran habitual. Desde temprana edad, demostró una aguda conciencia social y una profunda empatía por las mujeres de su comunidad, quienes enfrentaban múltiples barreras impuestas por una sociedad y un sistema que las relegaba a roles subordinados. 


Esta realidad la impulsó a involucrarse en movimientos sociales y a alzar su voz en defensa de sus derechos. Su activismo se intensificó durante la Revolución Mexicana, un período de profunda transformación social y política. 


Fundó la Liga Feminista Rita Cetina Gutiérrez, en honor a quien fuera su mentora, una organización que se convirtió en un motor para la promoción de los derechos femeninos en Yucatán y más allá. A través de esta liga, Elvia y sus compañeras abogaron incansablemente por el sufragio femenino, la igualdad salarial, el acceso a la educación y la protección de la maternidad.


Sin embargo, su visión trascendió las demandas generales del movimiento feminista de la época. Consciente de la doble discriminación que enfrentaban las mujeres indígenas –por su género y por su origen étnico–, dedicó una atención especial a sus necesidades particulares en materia de salud, reproducción y educación.


En el ámbito de la salud, Elvia comprendió la urgencia de brindar atención médica accesible y culturalmente sensible a las mujeres indígenas. 


En una época donde el acceso a servicios de salud era limitado, especialmente en las comunidades rurales, abogó por la creación de clínicas y la formación de parteras tradicionales capacitadas, reconociendo su papel fundamental en la atención del parto y la salud reproductiva de las mujeres indígenas. Su lucha buscaba erradicar las prácticas dañinas y garantizar que las mujeres tuvieran el derecho a una atención médica digna y respetuosa de sus tradiciones.


En cuanto a la reproducción, Elvia Carrillo Puerto fue una pionera en la defensa del derecho de las mujeres a decidir sobre sus propios cuerpos y su fertilidad.  En un contexto social conservador y con fuertes influencias religiosas, su postura a favor de la planificación familiar y el acceso a métodos anticonceptivos fue revolucionaria.


Entendía que la autonomía reproductiva era fundamental para la emancipación de las mujeres, especialmente para las mujeres indígenas, quienes a menudo eran víctimas de embarazos no deseados y de las consecuencias de la falta de información y recursos. Su valentía al abordar estos temas tabúes sentó un precedente importante para futuras luchas por los derechos sexuales y reproductivos en México.


La educación fue otro pilar fundamental en la lucha de Elvia Carrillo Puerto por las mujeres indígenas. Reconoció que la falta de acceso a la educación perpetuaba la desigualdad y la marginación, por lo que abogó por la creación de escuelas rurales y la implementación de programas educativos que tomaran en cuenta las necesidades y visión cultural de las comunidades indígenas, para brindarle a las mujeres herramientas para su desarrollo personal y económico, y les permitiera participar plenamente en la vida social y política de sus comunidades.


Elvia enfrentó la oposición de sectores conservadores, la incomprensión de algunos de sus contemporáneos e incluso la violencia política. Sin embargo, su convicción y su compromiso con la causa de las mujeres la impulsaron a seguir adelante, dejando un legado imborrable en la historia de México.


Su elección como diputada al Congreso de Yucatán en 1923, una de las primeras mujeres en ocupar un cargo de elección popular en el país, fue un hito significativo en la lucha por el sufragio femenino y la participación política de las mujeres.


Aunque su periodo como diputada fue breve debido a la reacción conservadora, su presencia en el ámbito legislativo sentó un precedente crucial y demostró la capacidad de las mujeres para influir en la toma de decisiones políticas.


Su visión de una sociedad justa e igualitaria, donde las mujeres, especialmente las indígenas, gocen de plenos derechos en materia de salud, reproducción y educación, sigue siendo una meta por alcanzar. 


La "Monja Roja" sigue siendo un símbolo de la indomable fuerza de las mujeres mexicanas y una inspiración para las generaciones presentes y futuras que continúan su legado en la construcción de un México más igualitario y respetuoso de los derechos de todas las personas. 


El legado de Elvia Carrillo Puerto resuena con fuerza en el presente.