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Matilde Montoya: La primera mujer médica de México



En el México del siglo XIX, la medicina era una profesión dominada por hombres. Las mujeres tenían pocas oportunidades de educación y se esperaba que se dedicaran al hogar y a la familia. Sin embargo, Matilde Montoya Lafragua tenía una vocación clara y un deseo inquebrantable de estudiar medicina.

En una época marcada por profundas desigualdades de género y rígidas estructuras sociales, Matilde no solo se convirtió en la primera mujer médica de México, sino también un símbolo de la tenacidad femenina, abriendo camino hasta ese entonces impensable para las mujeres.

Sus primeros pasos en el campo de la salud fueron como partera, pero no satisfacía su ambición de comprender la complejidad del cuerpo humano y la enfermedad. 

Su sed de conocimiento la llevó a aspirar a la cúspide de la profesión médica, por lo que se inscribió en la Escuela Nacional de Parteras y Obstetras, donde destacó por su dedicación y aptitudes. La idea de una mujer ejerciendo la medicina era recibida con escepticismo, burla e incluso abierta hostilidad por gran parte de la sociedad. 

Los argumentos en contra eran variados y profundamente arraigados en prejuicios de género: se consideraba que las mujeres eran física e intelectualmente inferiores para la exigencia de la profesión, que su sensibilidad y "naturaleza femenina" las harían inadecuadas para enfrentar la crudeza de la enfermedad y la muerte.

A pesar de enfrentar discriminación y obstáculos, Matilde logró ingresar a la Escuela Nacional de Medicina en 1882. Su presencia en el aula generó controversia y resistencia por parte de algunos profesores y compañeros, pero a pesar que dudaban de su capacidad y la sometían a un juicio más severo que a sus colegas varones, ella se mantuvo firme en su objetivo.

Matilde contó con el apoyo de figuras importantes como el general Porfirio Díaz, quien reconoció su talento y determinación. En 1887, tras superar los rigurosos exámenes y cumplir con todos los requisitos académicos, Matilde Montoya Lafragua presentó su examen profesional e hizo historia convirtiéndose oficialmente en la primera mujer médica de México. 

Este logro trascendió su esfera personal y se convirtió en un hito histórico para el país. Su graduación fue celebrada por quienes creían en la igualdad de oportunidades y marcó un precedente crucial para la incursión de las mujeres en profesiones tradicionalmente dominadas por hombres. Su historia es un testimonio vibrante de la lucha por la igualdad de oportunidades. 

Su presencia en el campo médico abrió las puertas a otras mujeres y demostró que la capacidad y el talento no tienen género. Hoy en día, miles de mujeres en México y en todo el mundo ejercen la medicina con pasión y profesionalismo, gracias al legado de pioneras como Matilde Montoya que rompieron el techo de cristal. 

Su labor no se limitó a la práctica clínica. Consciente de las dificultades que ella misma había enfrentado, se convirtió en una defensora de la educación femenina y de la igualdad de oportunidades en el ámbito profesional. 

Abogó por la apertura de más espacios educativos para las mujeres en el campo de la medicina y otras disciplinas, inspirando a muchas jóvenes a perseguir sus sueños y a desafiar las limitaciones impuestas por la sociedad.

La historia de Matilde Montoya sigue siendo relevante como un recordatorio del largo camino recorrido y de la importancia de la tenacidad y la visión para superar las barreras de género. Su historia inspira a las mujeres de hoy a seguir luchando por la plena igualdad de oportunidades y a romper los moldes que aún puedan existir en el ámbito profesional.