Tiempo de activar la economía y eliminar la violencia de género

Con la llegada de la crisis del Covid-19, las desigualdades de género en el sector laboral son más evidentes. La pandemia afecta de manera desproporcionada a las mujeres, quienes están perdiendo sus empleos a un ritmo mucho mayor que los hombres. En pocas palabras, antes ganaban menos que ellos por un trabajo de igual valor y ahora son las más afectadas por el desempleo o la inactividad.

De acuerdo con cálculos de la OCDE, en México la brecha salarial entre hombres y mujeres es de 18.8 por ciento, y a nivel global, en promedio, a las mujeres se les paga aproximadamente un 20 por ciento menos que a los hombres. Esto se ve reflejado en que acceden en menor medida y trabajan menos horas en el mercado del trabajo; acceden menos a empleos mejor retribuidos; trabajan más en el sector informal, sin seguridad laboral y con derechos limitados. Además, una parte sustancial del trabajo que realizan no es remunerado, como el trabajo de cuidado en hogares.

Este 25 de noviembre, bajo el lema 'Pinta el mundo de naranja: ¡financiar, responder, prevenir y recopilar!', se busca crear acciones específicas para prevenir y eliminar el continuum de violencia que se ejerce contra las mujeres y las niñas a lo largo de sus vidas, de manera sistemática y en múltiples formas, tanto en el ámbito privado como en el público.

La crisis ha afectado a las mujeres de forma simultánea en tres esferas en las que las desigualdades de género son más graves y persistentes: los ingresos, la salud y la seguridad. En este caso en específico, la brecha salarial entre hombres y mujeres, la cual alimenta la violencia de género al implicar menos autonomía económica, generar dependencia económica y violencia en sus hogares. Y aunque la situación que atravesamos en este momento ha mostrado la contribución y el rol imprescindible de las mujeres, también ha mostrado que la desigualdad de género es una barrera para la implementación de respuestas efectivas durante y después de los momentos de crisis. Por tal motivo, es fundamental integrar a las mujeres en todos los sectores de la recuperación, en específico, en la fuerza laboral.

A nivel global, los gobiernos han respondido a los efectos económicos del Covid-19 introduciendo estímulos fiscales y monetarios. Sin embargo, esta respuesta ha ignorado en gran medida las necesidades de las mujeres. De acuerdo con el Rastreador Global de Respuestas de Género al Covid-19 realizado por PNUD y ONU Mujeres, tan sólo uno de cada ocho países ha adoptado medidas para protegerlas de los efectos socioeconómicos del virus. Y sólo el 18 por ciento (238 medidas) de las mil 310 medidas de protección social y del mercado laboral tomadas en respuesta al Covid-19 apoyan el cuidado no remunerado o fortalecen la seguridad económica de las mujeres. Esto tiene como consecuencia que los sistemas de protección social debilitados dejen indefensas a las personas más desfavorecidas de la sociedad, incluidas las mujeres y las niñas.

Para alcanzar la recuperación económica, es fundamental garantizar la plena participación de las mujeres como un poderoso motor de reactivación. Para ello, es preciso romper con este continuum de violencia contra ellas, cuyos múltiples síntomas incluyen la brecha salarial entre hombres y mujeres. Para lograrlo es necesario: facilitar un acceso igualitario de las mujeres a empleos de calidad; propiciar medidas que contribuyan a romper la segregación en el mercado laboral; alentar a nuestros niños, niñas y jóvenes a integrarse en campos de estudio y trabajo no estereotipados; promocionar a las mujeres en los espacios de toma de decisión de las instituciones y empresas; y fomentar la corresponsabilidad del Estado, las empresas y los hombres en las tareas de cuidado.

En general, la crisis por el Covid-19 brinda una oportunidad para que los países, incluido México, adopten un enfoque sensible al género en sus esfuerzos de respuesta, y para transformar los modelos económicos existentes hacia un contrato social renovado que priorice la justicia social, la autonomía económica y la igualdad de género.

La implementación de la perspectiva de género a estos estímulos no sólo resultaría positiva desde el punto de vista de la igualdad de derechos, sino que además aceleraría y fortalecería la recuperación económica en beneficio de todas las personas. Fomentemos y trabajemos las medidas necesarias y acciones reales para poner fin a la violencia contra las mujeres y las niñas –pandemia que nunca ha cesado– y que se ha agudizado por las medidas de confinamiento. Todavía no es demasiado tarde para explotar las sinergias que existen entre la reactivación del crecimiento económico, el progreso de la igualdad de género y la eliminación de la violencia.